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LOCAS DE AMOR
(Otros eventos).
EL AMOR LO CURA
No es lo mismo amor de “locas” que “locas de amor”. Por supuesto habría que ver que se entiende por amor. Que, tampoco, es igual lo que yo siento como amor, a lo que es el amor como concepto. Es decir, hasta que punto al sentimiento en sí ( de “amor”, o de cualquier otra cosa), lo hemos sobrevalorado; en el sentido de olvidarnos de que, en realidad, estamos ante esa situación: la de un senti-miento .
Senti-miento, en tanto en cuanto los sentidos, el sentir, como criterio de verdad hace ya mucho que está obsoleto. Lo cual no significa que, como tantas cuestiones, sea aceptado por la mayoría ( También, es verdad que a determinadas minorías, conviene que las estructuras de pensamiento, aunque caducadas, duren y duren).
Un ejemplo: todos sabemos que la Tierra es la que gira alrededor del Sol. Esa es la Teoría Heliocéntrica. La teoría científica que partiendo del astrónomo Copérnico, nos enseñó como, a veces, nuestros propios sentidos nos engañan; sobre todo en cuestiones, digamos, complejas. ¿No es cierto que los ojos siguen siendo geocentriscas: que aunque yo sepa eso, yo cada día veo lo contrario?. Hagan la prueba: miren un amanecer y... verán que no verán.

Locas de amor es una telenovela argentina, producida por Pol-ka Producciones. Transmitida en 2004, consta de 52 episodios de 60 minutos de duración cada uno. Dirigida por Luis y Daniel Barone, y escrita y adaptada a la televisión por Suzana Cardozo. Protagonizada por Leticia Brédice, Julieta Díaz y Soledad Villamil ( la protagonista femenina de la película "El secreto de tus ojos" (2009) galardonada con el Orcar a la mejor película de habla no inglesa ), en los papeles de Simona, Juana y Eva, respectivamente.
Diego Peretti, en la figura del psiquiatra Martín Uribelarrea, artífice de esta interesante experiencia de convivencia, es el personaje masculino más relevante de la serie. Tal vez a él (psiquiatra de profesión antes dedicarse a la industria cinematográfica) le recuerden como protagonista en la película “No sos vos, soy yo”, producción hispano argentina, estrenada en nuestro país en mayo de 2005, o en aquella otra más reciente, “Tiempo de Valientes”, año 2006, en al que interpretaba a un psicoanalista que, por encargo judicial, tiene que de realizar la tarea comunitaria de ayudar anímicamente a un inspector de policía, desolado por la infidelidad de su mujer.
Volviendo a Locas de amor. Se trata de la historia de estas tres mujeres que por indicación facultativa dejan el neuropsiquiátrico en el que estaban ingresadas para realizar una experiencia de convivencia. Un audaz proyecto, supervisado por el psiquiatra Martín Uribelarrea, en donde las tres tendrán la ocasión de enfrentarse en la vida “real” a su diagnóstico psicopatológico: el trastorno maníaco-depresivo de tendencias suicidas de Simona, la frágil obsesiva-compulsiva Juana, y los delirios místico-religiosos de Eva.
Ellas, con ilusión y en compañía de sus miedos, tendrán la oportunidad de curarse trabajando los aspectos anímicos de su “locura”, es decir de su falta familiar de cariño, en el cariño de otros. Todo ello, por supuesto, con la ayuda del trabajo individual y grupal de su psiquiatra.
Una preciosa historia, tratada con la suficiente sensibilidad y delicadeza que difícilmente dejará “sin tocar” al espectador. Una historia que conmoverá por su ternura y esquisitez, contada con un fino sentido del humor y con el rigor terapéutico necesario para enseñarnos una manera (para algunos aún desconocida) de resolver los trastornos afectivos. Como nuestra vida familiar puede producir lesiones en nuestro mundo afectivo de “adultos”. Como no se puede ser adulto hasta que no superemos determinados traumas infantiles. Como hay muchos “adultos” no internados, que ni están mejor ni son mejores que los señalados de “enfermos”.
Un ejemplo de articulación de dos disciplinas sanitarias como son la psiquiatría y el psicoanálisis. Una ocasión para comprobar (digo para los que creen que el mundo se limita al mundo que ellos conocen, o sea, ven) como hay otra psiquiatría. Una psiquiatría donde la farmacología es un complemento muy específico de un “todo” al que llamamos curación. Donde la mirada psíquica, debiera ser siempre eso: psíquica.
Y, también, aprovecho, para expresar el deseo de muchos en nuestro país: hay otra manera entretenida e ilustrada de hacer televisión. Una televisión que enseñe sobre enseñar. Una televisión que no esté “ingenua” y machaconamente adoctrinándonos con su “verdad” del mundo: “así, son las cosas y así se las hemos contado”.
José García Peñalver
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