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Blog sobre el Inconsciente en la Sociedad y la Cultura
Después de ocho años de ser el título de una publicación que tenía por objetivo sacar el psicoanálisis de los gabinetes clínicos y los círculos de especialistas e implicarlo en la vida de la calle, “Diván el Terrible” salta a la red.
Como en los 31 números de publicación impresa – nos comentan los promotores en la presentación de este blog – se pretende “analizar los distintos aspectos de nuestra sociedad y de nuestra cultura desde el punto de vista de las enseñanzas del psicoanálisis, y, en primer lugar, de la existencia y el papel del inconsciente, el gran descubrimiento de Freud.
Los avatares de nuestro tiempo y de nuestra sociedad están en gran medida regidos, como los comportamientos de las personas, por leyes que no necesariamente responden a la lógica de la razón. La pulsión de vida y la pulsión de muerte, la búsqueda de la felicidad, los deseos inconscientes, las leyes, prohibiciones y tabúes impresos en los individuos y en las culturas, las fantasías y los fantasmas, el sentimiento de culpa y la conciencia moral… Son algunos de los aspectos bajo los que puede analizarse lo que acontece hoy en nuestro entorno”.
Para lo cual, como en el método psicoanalítico, se pretenderá “aplicar una “escucha” especial a los fenómenos de nuestro tiempo, tratando desentrañar lo no evidente de éstos. Y hacerlo dando voz junto a los psicoanalistas a otros sectores profesionales (escritores, artistas, filósofos, médicos, abogados, etc. ) y a distintas generaciones”. Y todo ello intentando “utilizar un lenguaje asequible, que huye de tecnicismos y no da por sabidos los conceptos y teorías inevitablemente complejos del psicoanálisis”.
Nuevo espacio que surge con vocación participativa e interactiva, puesto que “los artículos se complementarán con foros de discusión y opinión, en una invitación abierta al diálogo y a la profundización en los fenómenos contemporáneos que nos afectan como colectivo social aplicando los fundamentos y enseñanzas del psicoanálisis”.
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LA FAMILIA, ESE GRAN LÍO
Llegamos al psicoanálisis con una idea bastante clara de los distintos personajes que componen nuestra familia, del lugar y del papel que juegan en nuestra vida así como del nuestro en relación a todos ellos, y de los conflictos y problemas que nos acarrean. Así iniciamos el camino del análisis desplegando nuestros recuerdos y fantasías.
A los pocos meses empieza el lío. Resulta que lo que más o menos teníamos tan clarito como causa de nuestra larga historia de dichas y desdichas, se tuerce y empieza a hacer aguas por todas partes. Aparecen lagunas en nuestro relato, fechas o escenas que no cuadran entre lo se nos ha contado y nuestros recuerdos, silencios familiares de plomo ante ciertas preguntas… De esta manera va asomando la cabeza la versión no oficial de la familia: muertes ignoradas, infidelidades, desapariciones e incluso suicidios. ¡Mira por donde, la tía Encarnita, de misa diaria, imagen de veneración familiar, supuestamente desaparecida desde la guerra, resulta que se había fugado con un señor casado y era la vergüenza de la familia!…
Descubres −¡como si nunca lo hubieras escuchado antes!− que aquella hermanita tan mimada y graciosa, la “nenita” de papa, −mientras una había tenido que ser el “hombrecito”, porque es lo que se esperaba, ya se sabe, un padre siempre quiere tener un hijo varón…− resulta que era ella a la que llamaban con nombre de hombre. Pero, ¡cómo!, ¿no eras tú la destinada a ser el hombre, la que tenía que ser fuerte y valiente para responder al deseo de papá? Y los sacrificios que hiciste para eso. Entonces, ¿te lo habías figurado, por qué, para qué? Qué corte, cuando en un alarde de osadía haces la pregunta a tu madre de por qué no te dio el pecho al nacer, a lo que contesta qué de dónde sacaste semejante idea. ¡Claro que te había dado el pecho!.. O cuando en un lapsus descubres que bailar flamenco poco tenía que ver con el amor hacia ella sino con la rivalidad, y que la inhibición que sufrías últimamente al bailar encubría lo gozoso que resultaba para ti la fantasía de una relación de tu padre con una gitana, la imagen opuesta de tu madre, y que con tu baile la desafiabas a la vez que seducías a tu padre en tus fantasías Como puede observarse, ¡la familia es un lío!
Así a lo largo de un análisis el escenario donde uno ha ido inventando su persona con una mezcla de recuerdos y fantasías inconscientes se tambalea. Lo que explicaba toda una serie de problemas pero te aseguraba a la vez un lugar y una consistencia −si bien inconfortable, por eso te habías dirigido a un analista−, cae estrepitosamente. Pero, ¿de que va esto? Venías a aclararte y estás hecha un lío, entre desvalida y furiosa. Esto se repetirá una y otra vez, porque a lo largo de un análisis los personajes cambian, no son lo que creíste que fueron, no dijeron muchas de las cosas que pusiste en sus bocas, las escenas se multiplican y tu, descolocada una y otra vez, irás siendo en función de los distintos decorados con lo que has ido construyendo tu historia. Sí, el psicoanálisis es un camino de descoloques y de desprendimientos para encontrarse con aquello más “verdadero” que se escabulle y se esconde entre esos sucesivos decorados y que te anclará en la vida con un andamiaje más sólido y también más ligero, a medida que te vas desprendiendo del lastre que arrastraba tu propio y antiguo relato. Es una manera de rescribir tu historia en la que eres a la vez escribiente y lector.
Efectivamente, un lío ir al analista. Cuestión de gustos: ¿qué lío prefieres
tú?
23 de Junio de 2008
Cristina Fontana
Psicoanalista, Madrid
HABLAR POR HABLAR
Si se tratara sólo de saber lo que nos pasa, obtener consejo, o comprensión no haría falta analizarse, bastaría tener un encuentro con un buen amigo y compartir algunas de las actividades habituales: charlar, comer, tomar una copa en un bar, ver cine, escuchar música…
Pero toda palabra dirigida a alguien encierra un anhelo inconsciente, que presiona y es constante: recobrar ese paraíso mítico perdido donde todo se decía sin frases. Este imposible intentamos paliarlo a través del amor y del placer que obtenemos en todas las actividades que compartimos con nuestros semejantes.
El cuerpo, la presencia, la mirada, la voz, son apoyos de una satisfacción pulsional, no hay otra forma de acceder a la relación con los otros que a través de esos agujeros-bordes de nuestro cuerpo: boca, ano, ojos, oídos. Estos han sido erotizados no sólo porque han constituido la base de una actividad placentera, sino porque en nuestros intercambios, desde nuestros primeros días, nos hemos ofrecido y hemos sido tomados como completamiento de lo que el otro quiere. Así el niño come, controla sus esfínteres, etc. porque satisface y completa a la madre que lo ama y lo cuida.
Es difícil captar en un diálogo entre amigos que la forma de “soportar” dicha relación es, precisamente, introduciendo esos elementos de satisfacción pulsional que se ponen en juego en nuestros encuentros y los convierte en placenteros y amistosos.
Pero, aquello de “a mí me pasa lo mismo que a Ud.”, semilla del lazo social y solidario, forma recíproca de comprender pareciéndose, se convierte en un obstáculo para quien necesita ayuda y quiere ser escuchado en su particularidad.
No se trata de hablar por hablar, de una descarga ni de un placer intelectual. El que concurre a una consulta no va a cubrir su necesidad de hablar motivada por una gran soledad ni tampoco desea que la otra persona se identifique con él creando un espejismo. Por supuesto que, como en su vida cotidiana, quiere que el analista lo comprenda, le ofrezca respuestas, le demuestre su cariño. Un psicoanalista no satisface dichas aspiraciones: ¿por un ejercicio de poder, porque ”no siente ni padece”, porque le gusta frustrar? A diferencia de un encuentro con un amigo, un analizante necesita alguien que no busque lo mismo que él: es decir, que no se satisfaga oyendo, viendo, hablando y por ello el analista sustrae la voz y la mirada de un intercambio recíproco. En la medida que su persona no se sitúe como un semejante, permitirá que el analizante ponga en juego, en el proceso de un psicoanálisis, los intercambios primeros con sus figuras materna y paterna. De esta manera podrá desplegarse esa matriz acuñada en sus primeros gozos que han marcado sus síntomas y sus desórdenes amorosos.
Artículo publicado el 14 de Julio de 2007 en ¿Sabes qué es el psicoanálisis?.
Graciela Strada
Psicoanalista, Madrid
( Textos reproducidos por gentileza de "Diván el Terrible". )
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